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Uber: ¿una historia de éxito movida por delitos y presiones a políticos?

Todo un repertorio de presiones políticas, sobornos, engaños a la policía e ilegalidades estaría detrás de la supuesta ‘historia de éxito’ del gigante tecnológico Uber, perpetrados para entrar en casi todos los países en los que opera, o quería operar. Una truculenta trama que se ha destapado a través de 124.000 documentos internos de la inicialmente plataforma de movilidad estadounidense con sede en Silicon Valley, California, conocidos como “los archivos de Uber”.

Los documentos fueron filtrados al diario británico The Guardian y compartidos después con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y abarcan un lapso de cinco años, entre 2013 y 2017, cuando Uber estaba bajo el mando de su cofundador, el ex CEO Travis Kalanick, quien, según corrobora el caché de archivos, entre más de 83.000 correos electrónicos, iMessages y mensajes de WhatsApp con sus principales ejecutivos, trató de forzar el servicio de sus conductores en ciudades de todo el mundo, incluso si violaban las leyes y normativas de taxis.

Su trasgresión de las normas del transporte público en muchos países y la destrucción del empleo de muchos taxistas generó una feroz reacción global, provocando manifestaciones y protestas en las ciudades donde llegaba y en las que, al mismo tiempo, organizaba otras paralelas de sus propios conductores.

El equipo de The Guardian explica que el ex director ejecutivo de Uber dijo entonces a sus ejecutivos que “la violencia garantiza el éxito”, mientras trataba de reforzar el apoyo, cortejando discretamente a primeros ministros, presidentes, multimillonarios, oligarcas y magnates de los medios.

(foto: KAI PFAFFENBACH/REUTERS)

Una de las plataformas más grandes del mundo

Los documentos filtrados desvelan los métodos de Uber para sentar las bases de su corporación, una de las plataformas de trabajo más grandes del mundo, actualmente con un valor de 43.000 millones de dólares (42.560 M€), si bien aún no es rentable, que gestiona unos 19 millones de traslados diarios.

Los archivos cubren las operaciones de Uber en 40 países durante el período en el que se convirtió en un gigante mundial, arrasando con su servicio. “Desde Moscú hasta Johannesburgo, financiado con fondos de capital de riesgo sin precedentes, Uber subvencionó sus traslados, seduciendo a los conductores y pasajeros a utilizar su aplicación con incentivos y modelos de precios que no serían sostenibles”, afirma el equipo de investigadores de The Guardian. El interés era implantar su aplicación y otro modelo en el transporte urbano.

“Uber socavó los mercados establecidos de taxis y presionó a los gobiernos para que modificaran las leyes, ayudando a allanar el camino para un modelo de economía de trabajo basado en aplicaciones que desde entonces ha proliferado en todo el mundo”, dice el informe.

Su estrategia a menudo implicaba pasar por encima de las cabezas de los alcaldes de las ciudades y las autoridades de transporte y llegar directamente a la cúpula del poder.

Cabildeos en Francia, Alemania, España, EEUU

Su estrategia incluía armar un lobby con los políticos locales de las ciudades donde proyectaba entrar, para pasar luego a figuras de más alto rango como presidentes o ministros, con la intención de hacer cambiar leyes y normativas que aseguraran su operación y ser intocables.

De hecho, una de sus más ‘efectivas’ armas fue disponer de un listado, en el que recogen los nombres de más de 1.800 personas de interés para la empresa, que son catalogadas según su grado de influencia y de “hostilidad” hacia Uber.

Por ejemplo, intentaron, aunque no siempre con éxito, llegar a políticos de primer nivel como Mariano Rajoy o el senador italiano Matteo Renzi, el irlandés Enda Kenny, el ex primer ministro israelí Benjamin Netanyahu o George Osborne, canciller del Reino Unido en ese momento.

Entre los miles de documentos, hay intercambios explícitos entre Kalanick y el reelegido presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien ayudó en secreto a Uber en Francia cuando era ministro de Economía, permitiendo a la empresa un acceso frecuente y directo a él y su personal; según los archivos. Macron habría hecho todo lo posible para ayudar a Uber, dada la hostilidad del socialista François Hollande, presidente precisamente entre 2012 y 2017.

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Igualmente, se reseñan intentos con el canciller alemán, Olaf Scholz, alcalde de Hamburgo en ese momento, quien rechazó a los cabilderos de Uber e insistió en pagarles a los conductores un salario mínimo. O con el entonces vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, partidario de Uber en ese momento, con quien Kalanick se reunió en ocasión del Foro Económico Mundial en Davos, haciendo que mencionara el proyecto Uber en dicha reunión.

Si la estrategia fallaba y los declaraban ilegales, disponían de un supuesto “manual para redadas de madrugada” y un ‘botón del pánico, o interruptor de apagado, para impedir a la policía el acceso a sus datos y documentos. Según los archivos, Uber llegó a emplear hasta en 12 ocasiones en un año: Francia, Canadá, Países Bajos, Bélgica, India, Hungría, Rumanía y Hong Kong

A pesar de una operación de cabildeo tenaz y bien financiada, los esfuerzos de Uber tuvieron resultados mixtos: en algunos lugares, logró persuadir a los gobiernos para modificar la legislación y, en otros lugares, por industrias de taxis rivales y la oposición de políticos de izquierda.

Abrazando el caos

The Guardian señala que, según se infiere de los archivos, Uber trató de aprovechar la oposición de unos y otros “para alimentar la narrativa de que su tecnología estaba cambiando los sistemas de transporte anticuados”, instando a los gobiernos a reformar sus leyes.

En Asia, la estrategia fue inculcar la idea de que “… Cuando los incendios comienzan a arder…es una parte normal del negocio de Uber. Abraza el caos. Significa que estás haciendo algo significativo”. En medio de huelgas de taxis y disturbios en París, Kalanick ordenó a los ejecutivos franceses tomar represalias alentando a los conductores de Uber a realizar una contra protesta con desobediencia civil masiva.

Fue un libro de jugadas que, según sugieren los correos electrónicos filtrados, se repitió en Italia, Bélgica, España, Suiza y los Países Bajos. Por ejemplo, cuando hombres enmascarados, supuestamente taxistas enfadados, atacaron a los conductores de Uber con puños y martillos en Ámsterdam, en marzo de 2015, los empleados de la plataforma de transporte aprovecharon para lograr concesiones del gobierno holandés.

Los investigadores apuntan que Kalanick pareció poner en práctica ese espíritu en enero de 2016, cuando los intentos de Uber de alterar los mercados en Europa provocaron airadas protestas en Bélgica, España, Italia y Francia por parte de taxistas que temían por su sustento.

Nota: La respuesta de la empresa y de algunos implicados de máximo nivel político, en una segunda entrega mañana martes.

Fuente: Hosteltur

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