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No te preocupes por la crisis, sino por tu propuesta de valor

Análisis/ Parece que este verano en Europa hemos vivido una fiesta cuyo fin se acerca. Tras dos años de restricciones debido a la pandemia, hemos visto cómo millones de personas han llenado aviones, carreteras, hoteles, restaurantes, festivales… Pero ahora economistas y políticos nos advierten que llegan tiempos muy difíciles y nos enfrentamos a tremendos desafíos como el “fin de la abundancia”, una guerra económica entre Rusia y Occidente, una era de “gran estanflación” e incluso la desaparición de la clase media. No sé si me dejo algo. ¿Y el turismo, cómo quedará?

No es de extrañar que, ante la escalada de la inflación, la subida de los tipos de interés, el alza de los precios de la luz y del gas, las amenazas de Vladímir Putin, la crisis de Taiwán, etc, la confianza del consumidor esté por los suelos.

Además, en los sectores de ocio, restauración y viajes, el consumidor percibe un incremento de los precios que llega a multiplicar por seis la inflación real, lo que afectará a sus pautas de consumo durante los próximos meses.

Incluso el hecho de que Sony haya subido un 10% el precio de su consola PlayStation, justificando este incremento de 50 euros por “la situación económica global y las elevadas tasas de inflación”, ha generado ondas de choque entre los expertos de la industria de los videojuegos.

Y a toda esta cascada de noticias se suman una serie de predicciones económicas y sociales nada halagüeñas…

¿Hacia dónde irá la demanda de ocio?

Pero al mismo tiempo que se suceden los mensajes negativos, siguen ocurriendo otras cosas.

Por ejemplo, la banda de música Coldplay ha vendido 200.000 entradas en 24 horas para sus conciertos en Barcelona y llenará cuatro noches seguidas el estadio olímpico, donde actuará el próximo mes de mayo.

Quizá valdría la pena mencionar que el cantante de Coldplay, Chris Martin, tiene 45 años y, si mucho no me equivoco, la mayoría de los fans de la banda británica entrarían en esa franja de edad de los 40-50 años.

¿Quizá sería ese el segmento de consumidores hacia el que deberían dirigirse principalmente las empresas del turismo en los próximos meses?

Imagen: Adobe Stock

¿Qué pasó en la última crisis?

La última vez que el mundo se enfrentó a una gran recesión económica fue en 2009. Ese año, el número de llegadas internacionales en todo el mundo registró una caída del 4%. Esto representó 37 millones de viajes menos respecto al año anterior. Pero 892 millones de personas siguieron viajando a otros países. Y recordemos que estas cifras no incluyen el turismo doméstico.

Además, a partir de 2010 las llegadas de turistas internacionales en todo el mundo comenzaron a registrar de nuevo tasas de crecimiento, hasta que llegó la pandemia en 2020.

No obstante, hay un detalle importante a tener en cuenta sobre lo que ocurrió en los años que siguieron a la recesión de 2009. Hubo entonces dos países clave cuya economía seguía creciendo y que impulsaron el turismo internacional.

Sin embargo, en 2022 esos dos mercados emisores están cerrados. Nos referimos a China (por las restricciones aún vigentes de la pandemia) y Rusia (debido a las sanciones impuestas por la guerra en Ucrania).

Más información:
– ¿Qué fue de los BRIC? Análisis turístico caso por caso

Motivaciones de viajes

Me gustaría cerrar este artículo con una reflexión final sobre por qué hemos viajado durante este verano y por qué vamos a continuar viajando en los próximos meses.

En 2022, probablemente un porcentaje muy elevado de turistas han salido de vacaciones porque realmente lo necesitaban tras de dos años de restricciones y limitaciones impuestas por la pandemia. Lo importante era salir, donde fuera, y que nos diera el aire.

Sin embargo, de ahora en adelante y teniendo en cuenta las incertidumbres, el aumento de costes, la crisis económica en ciernes, las dificultades para viajar en avión debido a huelgas, recortes de capacidad, etc., seguramente vamos a ser mucho más selectivos a la hora de decidir si viajamos, dónde viajamos y por qué motivos viajamos.

¿Me compro la nueva PlayStation o voy a ese concierto de mi grupo preferido? ¿Viajo con mi familia a un país en el extranjero para tomar el sol o en realidad deseo un tipo de viaje para reconectar con mis hijos y pareja? ¿Quiero ir de vacaciones al sitio de siempre a hacer lo de siempre o quizá necesito una experiencia diferente para mejorar mi estado de salud físico y mental? ¿Hago una escapada con mi pareja o grupo de amigos a una ciudad cualquiera o vamos a ver esa exposición única e irrepetible de la que todo el mundo habla?

En suma, las motivaciones de viajes van a dejar de ser sota, caballo y rey, por lo que empresas turísticas y destinos deberán esforzarse mucho más para reforzar su propuesta de valor.

Fuente: Hosteltur

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